Me sorprende no haber visto hasta ahora ningún blog comentando la última tontería del Gobierno, de modo que me vais a permitir que lo haga yo. Y es que dejando ideas políticas aparte, la nueva campaña me parece que se salta todos los patrones de lo verdaderamente absurdo y, sobre todo, innecesario
No sé por donde empezar. Veamos. Fijémonos en el título de la campaña, por empezar con algo. "El placer está en tus manos"... No me digais, sinceramente, que no parece sacado de un monólogo de la Paramount. Y puede que no proceda de allí, pero es a donde se dirige, seguro. Si no, atentos a la tele. Con estas cosas, ser humorista o crítico (a lo Pérez-Reverte) es uno de los oficios más fáciles jamás creados.
No alcanzo a imaginar cómo surgió semejante idea. Este tipo de campañas, por lo general, aparecen para solucionar algún problema social que se incremente notoriamente. Este es el procedimiento normal: se hace una estadísitca, se concluye: "los jóvenes le dan mucho a la coca", por ejemplo; y se pone pasta para la campaña, que siempre incluye una frase de ingenio sobrehumano: "no te pases de la raya", o algo parecido.
Pero, ¿esta vez? ¿Han ido puerta por puerta preguntando si los críos (y los que no lo somos) se masturban? En caso afirmativo, la conclusión del estudio no sería: "los jóvenes se masturban poco"; sería: "los jóvenes mienten mucho".
Para acabar, pongámonos un poco serios. ¿De verdad en estos momentos es prioritario destinar dinero a enseñar a los crios a masturbarse? Vamos a pensar con lógica. Masturbarse es instintivo, una de las pocas cosas que conservamos de nuestro pasado animal. Es como promover campañas para enseñar a los neonatos a mamar de la teta. Ningún sentido. Y aunque las nuevas generaciones se hayan vuelto idiotas y no supieran cómo funciona el asunto, ¿qué es lo peor que podría pasarles?
Dejemos al Congreso que lo discutan. Por lo menos así están entretenidos y no joden otras cosas.
¡Adiós!
miércoles, 11 de noviembre de 2009
miércoles, 21 de octubre de 2009
¿Vivimos demasiado bien?
Una pregunta abre hoy la entradita de la semana: ¿Vivimos demasiado bien?
Para comenzar a explicar lo que quiero transmitir, creo que primero habría que formular otra, que sería: ¿Vivimos mejor que en las épocas pasadas? Hay aplastantes razones a favor del Sí. La primera es el gran avance de la Medicina, obviamente. La segunda, la seguridad que se ha alcanzado en el mundo Occidental con la democracia. La seguridad de que no habrá cualquier día una guerra que pueda arrasar el país, o una revolución en la que rueden las cabezas. Y hay otras. Actualmente todos tenemos expectativas de alcanzar como poco los 75 años, en condiciones óptimas de salud. Con algún problemilla, inevitable a esa edad, pero bien en general.
Esto hace un par de siglos (y yo diría que menos) era una completa utopía. La medicina, aunque progresaba sin descanso, era aún embrionaria. Muchas enfermedades ahora muy controladas eran por entonces mortales. Pero no solo eso. Hay que tener en cuenta (sobre todo en siglos posteriores al XIX) las continuas guerras, revoluciones, el trabajo extenuante (el proletariado del S. XIX); junto con una escasa sensación de protección por parte de organismos superiores. Nada de Derechos Humanos, o algo similar.
En resumen, la gente vivía con la constante sombra de un final próximo. Y aunque en verdad no lo sé, quiero imaginarme que esto fortalecía a las personas en gran medida. Se sobrellevaban mejor los golpes de la vida. Se pensaba menos en el futuro, y se dedicaba más tiempo a disfrutar con el presente, aunque las cosas buenas con las que deleitarse fueran ínfimas en relación con las que tenemos ahora.
Y claro, hoy en día, con esa idea preconcebida de que vamos a durar, y durar, y durar, ¿para qué detenerse siquiera a pensar en el gozo que es tener una vida entera por delante? ¡Si es lo normal! Preferimos gastar el tiempo en quejarnos por otras nimiedades, que todos conocemos.
Ahora bien, cuando la vida nos sacude un golpe de los duros (y sin avisar), el desconcierto es abrumador, y la nueva situación, difícil de aceptar. Ni siquiera necesitamos que nos pegue el golpe, con solo darnos un susto, muchas veces ya se nos viene el mundo encima. Te das cuenta entonces de lo que te importa realmente, de lo trivial de tus otras preocupaciones, y de lo poco que has valorado lo que tenías.
Quiero aclarar que no me estoy muriendo, ni nada parecido, gracias a Dios. Pero hoy he tenido un susto de los que hablo, y estoy reflexionando sobre ello. Y pese a todo lo escrito, debo decir (modestia aparte) que me considero una persona que sabe valorar lo que tiene.
¿Opiniones?
¡Adiós!
Para comenzar a explicar lo que quiero transmitir, creo que primero habría que formular otra, que sería: ¿Vivimos mejor que en las épocas pasadas? Hay aplastantes razones a favor del Sí. La primera es el gran avance de la Medicina, obviamente. La segunda, la seguridad que se ha alcanzado en el mundo Occidental con la democracia. La seguridad de que no habrá cualquier día una guerra que pueda arrasar el país, o una revolución en la que rueden las cabezas. Y hay otras. Actualmente todos tenemos expectativas de alcanzar como poco los 75 años, en condiciones óptimas de salud. Con algún problemilla, inevitable a esa edad, pero bien en general.
Esto hace un par de siglos (y yo diría que menos) era una completa utopía. La medicina, aunque progresaba sin descanso, era aún embrionaria. Muchas enfermedades ahora muy controladas eran por entonces mortales. Pero no solo eso. Hay que tener en cuenta (sobre todo en siglos posteriores al XIX) las continuas guerras, revoluciones, el trabajo extenuante (el proletariado del S. XIX); junto con una escasa sensación de protección por parte de organismos superiores. Nada de Derechos Humanos, o algo similar.
En resumen, la gente vivía con la constante sombra de un final próximo. Y aunque en verdad no lo sé, quiero imaginarme que esto fortalecía a las personas en gran medida. Se sobrellevaban mejor los golpes de la vida. Se pensaba menos en el futuro, y se dedicaba más tiempo a disfrutar con el presente, aunque las cosas buenas con las que deleitarse fueran ínfimas en relación con las que tenemos ahora.
Y claro, hoy en día, con esa idea preconcebida de que vamos a durar, y durar, y durar, ¿para qué detenerse siquiera a pensar en el gozo que es tener una vida entera por delante? ¡Si es lo normal! Preferimos gastar el tiempo en quejarnos por otras nimiedades, que todos conocemos.
Ahora bien, cuando la vida nos sacude un golpe de los duros (y sin avisar), el desconcierto es abrumador, y la nueva situación, difícil de aceptar. Ni siquiera necesitamos que nos pegue el golpe, con solo darnos un susto, muchas veces ya se nos viene el mundo encima. Te das cuenta entonces de lo que te importa realmente, de lo trivial de tus otras preocupaciones, y de lo poco que has valorado lo que tenías.
Quiero aclarar que no me estoy muriendo, ni nada parecido, gracias a Dios. Pero hoy he tenido un susto de los que hablo, y estoy reflexionando sobre ello. Y pese a todo lo escrito, debo decir (modestia aparte) que me considero una persona que sabe valorar lo que tiene.
¿Opiniones?
¡Adiós!
jueves, 15 de octubre de 2009
Gambazos RAE
Hoy vamos a dejar un poquito en ridículo a la Real Academia Española de la Lengua, merced a una investigación que hizo un amigo de la facultad. Por casualidades del destino, buscó la palabra fémur en el diccionario de la RAE, y he aquí lo que encontró:
Sin entrar en muchos detalles. El coxis es el hueso final de la columna vertebral, y ni por asomo se articula con el fémur (pilla algo retirado). Imagino que se confundirían con el coxal, que es como se llama en realidad el hueso de la cadera. Un error de nomenclatura.
En cuanto a lo del peroné, no tengo explicación de qué les pudo pasar. Imagino que dirían: está debajo, pos se articulará, ¡digo yo!. Observemos cuidadosamente la imagen:

Mi amigo ya ha enviado el correo para que subsanen el error, y le han contestado algo así como "Gracias, lo investigaremos".
¿Llamarán al CSI?
¡Saludos!
fémur.
1. m. Hueso del muslo, que se articula por uno de sus extremos con el coxis y por el otro con la tibia y el peroné.
2. m. Zool. Artejo de las patas de los insectos, articulado por uno de sus extremos con el trocánter y por el otro con la tibia.
Sin entrar en muchos detalles. El coxis es el hueso final de la columna vertebral, y ni por asomo se articula con el fémur (pilla algo retirado). Imagino que se confundirían con el coxal, que es como se llama en realidad el hueso de la cadera. Un error de nomenclatura.
En cuanto a lo del peroné, no tengo explicación de qué les pudo pasar. Imagino que dirían: está debajo, pos se articulará, ¡digo yo!. Observemos cuidadosamente la imagen:

Mi amigo ya ha enviado el correo para que subsanen el error, y le han contestado algo así como "Gracias, lo investigaremos".
¿Llamarán al CSI?
¡Saludos!
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