- El otro día se dijeron cosas no muy agradables de tu persona.
- Sí, no me extraña.
- ¿Sabes por qué?
- Exactamente no. Pero me hago una idea global.
- Veo que no te afecta mucho.
- Al contrario. Me hace mucho bien. Incluso diría que me alegra el día.
- Antes no eras así. ¿Por qué de repente te ha dado por volverte tan estúpido?
- No podías equivocarte más, aunque has llegado al fondo de la cuestión. Soy exactamente igual que era antes, cuando te conocí. Soy exactamente como quiero ser. Como mejor me siento. De la única forma que sé, por otro lado. Han cambiado las circunstancias que me rodean. En su día, cuando lo vi venir, prometí y volví a prometer que nada me haría cambiar. Ni olvidar de dónde vengo. A lo que pertenezco. Con quién me identifico. Y con quién soy feliz.
domingo, 13 de febrero de 2011
sábado, 1 de enero de 2011
Timmy y sus logros
"Hijo mío, tú puedes llegar lejos".
Bonita frase, ¿verdad? Es de las que aparecen con frecuencia en las películas americanas. El padre, única familia del pequeño Timmy de 13 años, que se gana la vida como pobre currante ganando cuatro duros; le dice esa frase a su hijo cuando lo manda a estudiar lejos con el dinero que llevaba ahorrando años.
El pequeño Timmy se esfuerza en sus estudios, y consigue descubrir la cura contra el cáncer, ganar el Nobel, convertirse en el primer astronauta que pisa Júpiter y lograr que prohíban la Cruzcampo a nivel mundial. La última escena enfoca a Timmy ya adulto, que va a visitar a su padre a la cama del hospital donde este está ingresado, con pronóstico feo.
¿Diríais que Timmy ha logrado su objetivo? Creo que para muchos sí.
Pero yo no lo tengo nada claro. ¿Quereis saber lo que significaría para mi llegar lejos? Algo muy distinto. Un trabajo tranquilo en lo que me gusta y una vida tranquila con una familia sin problemas. ¿Parece algo mucho más sencillo, no?
De nuevo discrepo. Lo que todo el mundo concibe como habitual, que es exactamente lo que pido; es mucho más difícil de lo que la sociedad nos quiere hacer creer. Y si un día llegara a esos dos objetivos, estoy seguro de que sentiría que he llegado bien lejos.
Y sin necesidad de convertirme en Cirujano Jefe del Servicio de Despiece Humano de la Clínica Mayo de Alcorcón.
Bonita frase, ¿verdad? Es de las que aparecen con frecuencia en las películas americanas. El padre, única familia del pequeño Timmy de 13 años, que se gana la vida como pobre currante ganando cuatro duros; le dice esa frase a su hijo cuando lo manda a estudiar lejos con el dinero que llevaba ahorrando años.
El pequeño Timmy se esfuerza en sus estudios, y consigue descubrir la cura contra el cáncer, ganar el Nobel, convertirse en el primer astronauta que pisa Júpiter y lograr que prohíban la Cruzcampo a nivel mundial. La última escena enfoca a Timmy ya adulto, que va a visitar a su padre a la cama del hospital donde este está ingresado, con pronóstico feo.
¿Diríais que Timmy ha logrado su objetivo? Creo que para muchos sí.
Pero yo no lo tengo nada claro. ¿Quereis saber lo que significaría para mi llegar lejos? Algo muy distinto. Un trabajo tranquilo en lo que me gusta y una vida tranquila con una familia sin problemas. ¿Parece algo mucho más sencillo, no?
De nuevo discrepo. Lo que todo el mundo concibe como habitual, que es exactamente lo que pido; es mucho más difícil de lo que la sociedad nos quiere hacer creer. Y si un día llegara a esos dos objetivos, estoy seguro de que sentiría que he llegado bien lejos.
Y sin necesidad de convertirme en Cirujano Jefe del Servicio de Despiece Humano de la Clínica Mayo de Alcorcón.
lunes, 29 de noviembre de 2010
La infidelidad está de moda
La infidelidad está de moda.
Más que de moda, ha pasado a ser de algo despreciable a algo de lo que orgullecerse. Y no hablo de los programas basurotelevisivos que bastante tienen con aguantar las críticas de cualquier persona que haya leído dos libros en su vida. No. Hablo de la vida normal y corriente, a pie de calle.
Esta reflexión no la lanzo al vacío tras una sola observación. No, he sido fiel a los principios de la estadística. He cogido una muestra suficientemente grande y variada, y he realizado los cálculos oportunos. El caso es que alrededor del 80% de los rollos que me han contado en los últimos meses han sido infidelidades, por parte de uno, o a veces de los dos (ni en Las Vegas, la virgen...).
Yo no sé a qué se debe esta oleada de promiscuidad, y no me gusta tampoco hablar mucho de un tema que poco conozco. No obstante, vamos a lanzar algunas teorías. La primera que se me ocurre es la debilidad patológica a la que nos conduce esta sociedad hiperprotectora. Cada vez se hace creer a la gente que la vida tiene que ser todo diversión y placer. Que no hay por qué privarse de nada. Ni siquiera por la persona que, en teoría, más te importa.
Otra anda por los caminos de la ignorancia que tratan de ridiculizar los sentimientos y engrandecer el vicio puro y duro. Parece que el enamoramiento se ha vuelto algo indigno, no propio de una persona hecha y derecha. O quizá sea más bien lo segundo, que la golfería está bien vista. Y ojo, no seré quien le niegue a nadie tener un calendario sexual variado e intenso. Pero para eso inventó Dios la soltería.
El último aspecto que me carcome es esa estúpida noción de que una relación debe aportarte solo beneficios; y que, si en algún punto te limita, no merece la pena tenerla. Creo que el fallo aquí está en como se concibe dicha relación. Antiguamente, lo que uno tenía en mente era satisfacer a la otra persona. Ahora es al contrario. Se exige satisfacción a cambio de nada.
¿Voy muy desencaminado? Ahora es el momento de que opine la gente más implicada.
Un saludo.
Más que de moda, ha pasado a ser de algo despreciable a algo de lo que orgullecerse. Y no hablo de los programas basurotelevisivos que bastante tienen con aguantar las críticas de cualquier persona que haya leído dos libros en su vida. No. Hablo de la vida normal y corriente, a pie de calle.
Esta reflexión no la lanzo al vacío tras una sola observación. No, he sido fiel a los principios de la estadística. He cogido una muestra suficientemente grande y variada, y he realizado los cálculos oportunos. El caso es que alrededor del 80% de los rollos que me han contado en los últimos meses han sido infidelidades, por parte de uno, o a veces de los dos (ni en Las Vegas, la virgen...).
Yo no sé a qué se debe esta oleada de promiscuidad, y no me gusta tampoco hablar mucho de un tema que poco conozco. No obstante, vamos a lanzar algunas teorías. La primera que se me ocurre es la debilidad patológica a la que nos conduce esta sociedad hiperprotectora. Cada vez se hace creer a la gente que la vida tiene que ser todo diversión y placer. Que no hay por qué privarse de nada. Ni siquiera por la persona que, en teoría, más te importa.
Otra anda por los caminos de la ignorancia que tratan de ridiculizar los sentimientos y engrandecer el vicio puro y duro. Parece que el enamoramiento se ha vuelto algo indigno, no propio de una persona hecha y derecha. O quizá sea más bien lo segundo, que la golfería está bien vista. Y ojo, no seré quien le niegue a nadie tener un calendario sexual variado e intenso. Pero para eso inventó Dios la soltería.
El último aspecto que me carcome es esa estúpida noción de que una relación debe aportarte solo beneficios; y que, si en algún punto te limita, no merece la pena tenerla. Creo que el fallo aquí está en como se concibe dicha relación. Antiguamente, lo que uno tenía en mente era satisfacer a la otra persona. Ahora es al contrario. Se exige satisfacción a cambio de nada.
¿Voy muy desencaminado? Ahora es el momento de que opine la gente más implicada.
Un saludo.
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